miércoles, marzo 09, 2005

La otra libertad

Un espíritu libre jamás se regiría por las reglas dictadas por alguien más, aunque no le costaría ningún trabajo seguirlas. Vivimos en una sociedad esclavista, en cualquier lugar en el que estemos existen reglas, éstas están impuestas por instituciones que ambicionan controlarnos tomando para ellas nuestro poder personal. La libertad no está en huir de la sociedad o en rebelarse ante todo, sino en asechar; controlar al monstruo social usando su propia fuerza contra él mismo.
Pero las reglas si tienen un lado positivo, muestran que una vez siendo esclavo es muy difícil dejar de serlo; yo soy un gran esclavo, cada una de las instituciones con las que coexisto me controla, desde mi familia hasta el gobierno soy manipulado de la peor manera posible. Sin embargo, al darme cuenta de esto, poco a poco he intentado fortalecerme y liberarme de la opresión. Mi esclavitud comienza desde el nacimiento, la mayor cadena que existe en esta vida es la percepción que aprendemos desde que somos unos bebes y no olvidamos nunca, hasta que nos damos cuenta de que sólo se nos hizo creer que las cosas eran de esa manera, mas la realidad es de un matiz muy diferente.
Estamos habituados a percibir todo el tiempo de la misma manera, si cambiamos esta percepción podemos hacer de la realidad lo que nosotros deseemos. Podemos suponer que una persona tiene una rutina: todos los días despierta a la 1:00pm, comida a las 4:00pm, baño a las 6:00pm, 8:00pm ver la televisión, 10:30pm salir a un bar, 2:00am emborracharse hasta vomitar, 4:00am dormir. Esta persona disfrutará su vida y creerá que el mundo se basa en emborracharse y dormir toda la mañana, sin embargo llegará el día en que se de cuenta de lo vacía que es su vida y como muere más rápido que cualquier otra persona; si logra percatarse de eso a tiempo, su única opción es cambiar su percepción del mundo, deberá detener su vida un instante y crear una nueva forma de contemplar el universo. La misma situación pasa con cada uno de nosotros, somos dependientes de la superestructura social; estamos en un círculo y ni si quiera nos damos cuenta de lo irreal que es nuestra existencia.