No era la primera Vez
No era la primera vez, desde que cumplí 15 años viene sucediendo; lo recuerdo bien, ese día estaba muy feliz, todos mis amigos me habían organizado una fiesta sorpresa, mis papas me dieron muchos regalos y en dos días empezarían mis vacaciones.
Ya era tarde y salí por la ventana de mi cuarto, trepé al techo ayudándome con las ramas del árbol, estaba viendo las estrellas, siempre me han maravillado, parecen flores decorando el cielo, cada una de ellas tan grande o tan pequeña como me apetezca, cada una tan única y a la vez tan complementaria de todas las demás; de repente apareció la luna, era enorme, no dejé de mirarla por un rato, era como si ella supiera que estaba contemplándola y a cada instante aumentaba su majestuosidad. Me levanté, estiré mi mano y la toqué, ella tenía miedo, no se lo esperaba y mientras yo acercaba mi mano ella se movía por el cielo intentando escapar, estaba fría, era muy suave y también húmeda, no podía parar de tocarla; le dije que no tuviera miedo, que no le haría daño, lentamente comencé a acariciarla, poco a poco empezó a confiar en mi; entonces la tomé con mis dos manos para verla más de cerca, era realmente hermosa, pero más allá de su hermosura estaba su esplendida dulzura, pude haberme quedado con ella una eternidad, mas ella tenía sus propios planes.
Me tomó de la mano y me llevó de lugar en lugar, navegamos entre las estrellas, conocimos una tras otra, después del mundo más fantástico que podía haber imaginado venía otro aún más increíble. Decidí nunca regresar y seguir viajando por siempre, fue entonces cuando nos detuvimos, le pregunté por qué lo hacíamos, le dije que quería viajar con ella hasta el final del tiempo; pero ella no dijo nada, la que antes había sido mi mejor amiga ahora me ignoraba por completo, le di la espalda un instante y no volví la mirada hacia atrás otra vez, quería llegar tan lejos como fuera posible, quería saber que había más allá de las estrellas, quería descubrir lo indescubrible.
Iba tan rápido que ya no veía lo que pasaba a mí alrededor, el inmenso cielo celeste era ahora tan blanco como la luna, de repente comencé a escuchar una suave melodía, gradualmente fue aumentando en intensidad y fuerza; volaba como ella me lo decía e intentaba alcanzarla, arriba, abajo, más abajo, abajísimo y hasta la cima. Bailando junto al infinito con el universo como pista, volteé mi mirada hacia mis pies y encontré algo que no encajaba, debajo de mi había una flor marchita, no pude evitar derramar una lágrima sobre ella; me recosté a su lado y me di cuenta de cómo podía regresarle su vida, nadie se había ocupado de sembrarla, era un capricho del universo que todavía no hubiera muerto. Tome la flor con una mano, la levanté y la planté sobre mi, en medio del infinito y sin detenerme, cerré los ojos y me vi a lo lejos, estaba en el techo de mi cuarto contemplando las estrellas.
Ya era tarde y salí por la ventana de mi cuarto, trepé al techo ayudándome con las ramas del árbol, estaba viendo las estrellas, siempre me han maravillado, parecen flores decorando el cielo, cada una de ellas tan grande o tan pequeña como me apetezca, cada una tan única y a la vez tan complementaria de todas las demás; de repente apareció la luna, era enorme, no dejé de mirarla por un rato, era como si ella supiera que estaba contemplándola y a cada instante aumentaba su majestuosidad. Me levanté, estiré mi mano y la toqué, ella tenía miedo, no se lo esperaba y mientras yo acercaba mi mano ella se movía por el cielo intentando escapar, estaba fría, era muy suave y también húmeda, no podía parar de tocarla; le dije que no tuviera miedo, que no le haría daño, lentamente comencé a acariciarla, poco a poco empezó a confiar en mi; entonces la tomé con mis dos manos para verla más de cerca, era realmente hermosa, pero más allá de su hermosura estaba su esplendida dulzura, pude haberme quedado con ella una eternidad, mas ella tenía sus propios planes.
Me tomó de la mano y me llevó de lugar en lugar, navegamos entre las estrellas, conocimos una tras otra, después del mundo más fantástico que podía haber imaginado venía otro aún más increíble. Decidí nunca regresar y seguir viajando por siempre, fue entonces cuando nos detuvimos, le pregunté por qué lo hacíamos, le dije que quería viajar con ella hasta el final del tiempo; pero ella no dijo nada, la que antes había sido mi mejor amiga ahora me ignoraba por completo, le di la espalda un instante y no volví la mirada hacia atrás otra vez, quería llegar tan lejos como fuera posible, quería saber que había más allá de las estrellas, quería descubrir lo indescubrible.
Iba tan rápido que ya no veía lo que pasaba a mí alrededor, el inmenso cielo celeste era ahora tan blanco como la luna, de repente comencé a escuchar una suave melodía, gradualmente fue aumentando en intensidad y fuerza; volaba como ella me lo decía e intentaba alcanzarla, arriba, abajo, más abajo, abajísimo y hasta la cima. Bailando junto al infinito con el universo como pista, volteé mi mirada hacia mis pies y encontré algo que no encajaba, debajo de mi había una flor marchita, no pude evitar derramar una lágrima sobre ella; me recosté a su lado y me di cuenta de cómo podía regresarle su vida, nadie se había ocupado de sembrarla, era un capricho del universo que todavía no hubiera muerto. Tome la flor con una mano, la levanté y la planté sobre mi, en medio del infinito y sin detenerme, cerré los ojos y me vi a lo lejos, estaba en el techo de mi cuarto contemplando las estrellas.


1 Comments:
hola dandome una vueltesilla por aqui, ya te mande la invitacion para q tengas tu cuenta de gmail la buena noticia es q ahora pude ser de hasta mas de 2g :D espero la disfrutes y thanks por visitar mi blog
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